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La verdadera belleza

 

No es un secreto que las mujeres son constantemente bombardeadas por imágenes que podrían hacerlas sentir inconformes con quiénes son y cómo se ven, y esa presión se ha incrementado debido a la proliferación de las redes sociales. Las fotografías que se publican son de personas siempre sonrientes, arregladas, bonitas y felices… cuando sabemos que en la vida esta no es siempre una realidad. Y si piensas que ese no es tu caso, pregúntate si te animarías a subir una foto cuando recién te levantaste de cama despeinada y sin maquillaje.

Es que los estándares de belleza femenina que impone la sociedad no son justos ni realistas. Es imposible que una mujer de 50 años se vea más joven que una de 25 sin la ayuda de cirugía, o de tratamientos y productos que cuesten una fortuna; o que una madre luzca casi inmediatamente el mismo abdomen plano que tenía antes de estar embarazada. Esos estándares son inalcanzables.

Lo cierto es que a medida que los años pasan, la piel se arruga, el cabello se encana, el peso aumenta y la gravedad se hace sentir con toda su fuerza. Es allí cuando muchas personas hacen todo lo posible para detener o revertir el paso de los años, algunas veces hasta poniendo en riesgo su salud y seguridad. Parecería que muchas mujeres se sienten inconformes con su apariencia exterior y quisieran verse eternamente jóvenes y bellas, casi perfectas, aunque esa perfección sea solo una ilusión.

Pero esto no es solo cuestión de edad; millones de jovencitas no toman en cuenta sus virtudes y se centran en sus defectos. Ya sea por la opinión de los demás, por el famoso “bullying” cibernético, o por las imágenes que no podemos evitar ver al prender el televisor, la computadora, el teléfono o la tableta, muchísimas chicas no se sienten contentas con sus propios cuerpos: no les gusta su cabello, la forma de su nariz, el contorno de sus piernas o el color de sus ojos. Se sienten muy gordas o muy flacas, muy bajitas o muy altas, muy pálidas o muy morenas…  y sin importar cómo realmente luzcan, algunas se sienten feas.

Esto da lugar a un sinfín de problemas físicos y emocionales. Disfunciones extremas como la bulimia o la anorexia son cada vez más comunes y afectan a millares de niñas y adolescentes. Y afecciones emocionales profundas, como la ansiedad y la depresión clínica, continúan en aumento, llegando incluso a impulsar a que preciosas jovencitas atenten contra su propia vida.

Sin embargo, el Señor, en su sabiduría, tiene un mensaje para ti a través de Su palabra, sin importar tu edad, tu condición física ni tus circunstancias: «Engañosa es la gracia, vana la hermosura, pero la mujer que teme al Señor, esa será alabada» nos dice la conclusión de una de las secciones más conocidas del libro de los Proverbios, cuando se habla de la famosa Mujer Virtuosa.

¡Tú eres hermosa ante los ojos de Dios! Eres como la niña de Sus ojos, y Él te ama con amor eterno.

Recuerda que los años pasan, pesan y pisan, y que tarde o temprano nuestra piel no va a estar tersa, ni nuestro cabello libre de canas; sin embargo, el ornato de un espíritu sabio y apacible es de gran estima ante los ojos de Dios. Podemos tratar de ocultar el paso del tiempo, pero no lo podemos detener. Es esencial que, de la misma manera nos preocupamos por nuestra apariencia exterior, recordemos que es más importante aún cuidar la interior. Esa es la verdadera belleza.


“La belleza no depende de las apariencias, sino de lo que hay en el corazón. Así que, sean ustedes personas tranquilas y amables. Esta belleza nunca desaparece, y es muy valiosa delante de Dios”.
1 Pedro 3:4

 

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