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Tu valor de mujer

 

Son muchas las maneras en las que se define la palabra “valor”. Por ejemplo, se dice que es la cualidad por la que una persona o cosa merece consideración o aprecio, como en la frase: Tu opinión tiene un gran valor para mí. Otra definición es que valor es la energía y voluntad para afrontar situaciones difíciles o adversas, como se puede inferir en la frase: Se enfrentó a sus enemigos con gran valor.

Pero en la mayoría de los casos, cuando hablamos de “valor” nos referimos al precio de algo. Y ese precio está generalmente determinado por dos factores: pago y pertenencia; en otras palabras, lo que alguien esté dispuesto a pagar, y a quién pertenece. A continuación te damos un par de ejemplos sencillos:

  • Pago:  Puede que tu casa sea muy linda y hayas invertido mucho dinero en ella, pero si por cualquier razón el valor de las propiedades baja —como ocurrió hace algunos años en Estados Unidos afectando a millones de personas—,  al momento de venderla, esa casa va a valer solo la cantidad que alguien esté dispuesto a pagar por ella. O por el contrario, si el mercado mejora, podrías obtener mucho más dinero del que pagaste originalmente.
  • Pertenencia:  Si quisieras vender tus zapatos usados, probablemente no te pagarían más que un par de dólares. Pero hace algunos años, un par de zapatillas deportivas usadas fueron compradas por más de $70.000 –lo leíste bien: ¡más de setenta mil dólares! – por que pertenecían a Michael Jordan, la estrella de la época de oro de los Chicago Bulls.

Te podríamos dar muchos otros ejemplos, y tal vez tú tengas algunos propios, pero todos comprueban que, generalmente, “valor” está asociado al precio de algo. Justamente, si hablamos de la etimología de la palabra “precio”, vemos que proviene del latín pretiosus, que significa “objeto o persona de gran valor”. Y, por supuesto, esta es la raíz de la palabra “preciosa”.

Querida amiga, tú eres preciosa ante los ojos de Dios ¡Tienes un valor incalculable! Tanto así, que su propio Hijo estuvo dispuesto a pagar con su vida para llamarte suya.

No dejes que nadie equipare tu valor con tu apariencia exterior, con el estándar de la sociedad, con la cantidad de bienes que posees, o con lo que otros digan de ti. Tu valor es intrínseco y personal, y si entregaste tu vida al Señor, tu valor está asociado a Aquel a quien perteneces.

Aunque a veces te sientas invisible o creas que nadie reconoce tu valor, debes saber que eres muy importante para quienes te rodean, y especialmente para Dios. Fuiste creada con un propósito, y puedes dejar un legado que perdure más allá de tu propia existencia.

“Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas”.  –Proverbios 31:10

 

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