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Madres Solteras: Solas… pero no solitarias

 

Una de las situaciones que parece ser cada vez más prevalente es el de las mamás solas. Y las llamamos así, porque el término de «madres solteras» podría llevar consigo una connotación negativa. Además, ¡ser madre no es un estado civil!  Puede que, en efecto, algunas de ellas nunca contrajeron matrimonio, pero en muchos casos son mujeres que quedaron solas debido al abandono, separación, divorcio, maltrato, viudez o decenas de otros motivos.

Lo cierto es que, sin importar la razón, las mujeres que están en esa posición tienen que enfrentar retos que una familia convencional no conoce. Es indudable que también existen papás solos, pero estadísticas muestran que, en su mayoría, es sobre las mujeres que cae la responsabilidad de criar a los hijos.

Si este es tu caso, permítenos darte una palabra de aliento: Puede ser que estés sola, pero no deberías sentirte solitaria. Cuentas con el amor de un Dios que te ama con amor eterno, que te conoce y escucha, y que ha asegurado que será tu defensor y un padre para tus hijos, tal como leemos en el Salmo 68:5 “Padre de huérfanos y defensor de viudas es Dios en su santa morada”.

Además, no olvides que el Señor ha prometido suplir tus necesidades, y la manera en la que muchas veces lo hace es a través de otras personas. Aunque a veces sientas que estas a punto de rendirte, siempre existe alguien a tu alrededor que puede darte una mano. ¡Ánimo! Hay esperanza.

Más importante aún, piensa en lo siguiente: tienes en tus manos la gran responsabilidad de formar la vida de tus hijos, e inspirarlos con tu ejemplo para que puedan llegar a ser hombres y mujeres de bien. No es fácil, pero no es imposible.

Muchas mujeres no comparten sus necesidades por temor o vergüenza; tal vez tú seas una de ellas. Pero si nadie conoce la situación por la que estás pasando, no hay manera que se te brinde la ayuda que necesitas. Es por eso que hoy queremos animarte a que te integres a tu comunidad y que, si todavía no lo hiciste, te unas a alguna iglesia local y así puedas encontrar esa familia que tal vez te hace falta.

Y si por otra parte tú tienes un hogar estable y la posibilidad de brindar ayuda, ya sea a alguna mamá sola en tu comunidad o a cualquier otra persona que lo necesite, recuerda que el primer paso en el camino de ayudar a otros es aprender a entenderlos. Si decides ejercer empatía ante las circunstancias de otros, verás cómo la compasión se despierta en el corazón, aunque tal vez no llegues a comprender la magnitud de su situación o el porqué de sus decisiones o reacciones.

Si nos diéramos el tiempo de conocer y entender, tal vez no seríamos tan rápidos en juzgar y podríamos ser más sensibles a la necesidad que nos rodea. Pero asegúrate que tu deseo de ayudar no se quede simplemente en una buena intención.

 

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