Por: Milenka Peña.
Criar a tus hijos mientras llevas sola el peso de un hogar puede ser una de las experiencias más exigentes que una mujer enfrente. Hay decisiones que tomar, cuentas que pagar, preocupaciones que resolver y días en los que simplemente necesitas que alguien te recuerde que tú también necesitas cuidado y apoyo.
Por eso, preferimos hablar de “mamás solas” y no de “madres solteras”. Porque ser madre no es un estado civil, y detrás de cada mujer que cría a sus hijos sin una pareja a su lado hay una historia diferente.
Puede que algunas nunca hayan contraído matrimonio, pero en muchos casos son mujeres que quedaron solas debido al abandono, separación, divorcio, maltrato, viudez o tantas otras circunstancias.
Lo cierto es que, sin importar la razón, las mujeres que están en esa posición enfrentan retos que una familia convencional quizá no conoce. Es indudable que también existen papás solos, pero las estadísticas demuestran que, en su mayoría, es sobre las mujeres que recae la responsabilidad de criar a los hijos.
Si este es tu caso, permíteme darte una palabra de aliento.
Mi querida amiga: puede ser que estés sola, pero no tienes por qué sentirte solitaria. Cuentas con el amor de un Dios que te ama con amor eterno, que te conoce y escucha, y que ha asegurado que será tu defensor y un padre para tus hijos, tal como leemos en el Salmo 68:5 “Padre de huérfanos y defensor de viudas es Dios en su santa morada“.
Además, no olvides que el Señor ha prometido suplir tus necesidades, y la manera en la que muchas veces lo hace es a través de otras personas. Aunque a veces sientas que estás a punto de rendirte, siempre hay alguien a tu alrededor que puede darte una mano. ¡Ánimo! Hay esperanza.
Más importante aún, piensa también en esto: tienes en tus manos la gran responsabilidad de formar la vida de tus hijos e inspirarlos con tu ejemplo para que puedan llegar a ser hombres y mujeres de bien. No es fácil, pero no es imposible.
Muchas mujeres no comparten sus necesidades por temor o vergüenza; tal vez tú seas una de ellas. Pero si nadie conoce la situación por la que estás pasando, será mucho más difícil recibir la ayuda que necesitas.
Es por eso que queremos animarte a que te integres a tu comunidad y que, si todavía no lo hiciste, te unas a alguna iglesia local y así puedas encontrar apoyo, compañía y una familia de fe.
Y si, por otra parte, tú tienes un hogar estable y la posibilidad de brindar ayuda, ya sea a alguna mamá sola en tu comunidad o a cualquier otra persona que lo necesite, recuerda que el primer paso en el camino de ayudar a otros es aprender a comprenderlos.
Si decides ejercer empatía ante las circunstancias de otros, verás cómo la compasión se despierta en el corazón, aunque tal vez no llegues a entender por completo la magnitud de su situación o el porqué de sus decisiones o reacciones. Después de todo, la carga es más liviana cuando es compartida.
Si nos diéramos el tiempo de escuchar y comprender mejor las historias de otros, tal vez no seríamos tan rápidos en juzgar y podríamos ser más sensibles a la necesidad que nos rodea. Pero procuremos que ese deseo de ayudar no se quede simplemente en una buena intención.
A veces, una llamada, una comida compartida, una tarde cuidando a los niños, una palabra de ánimo o simplemente estar disponibles para escuchar puede significar mucho más de lo que imaginamos.
Y si tú eres esa mamá que hoy necesita apoyo, recuerda esto: pedir ayuda no te hace menos fuerte. Dios puede sostenerte de maneras que quizá no esperabas, muchas veces a través de las personas que Él pone en tu camino. Sigue adelante un día a la vez.
Tu esfuerzo, tu dedicación y tu fidelidad están sembrando algo valioso en la vida de tus hijos, y a su tiempo, verás el fruto de tu amor.
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