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La ropa sucia se lava en casa

Pese a nuestras mejores intenciones, tener una vida familiar armoniosa no siempre es tarea fácil, y hasta en las mejores familias es común tener problemas y desavenencias menores. Sin embargo, existen ocasiones en las que algunas cosas podrían salirse de control, dando como resultado hijos rebeldes, matrimonios destruidos, sentimientos lastimados, y deseos de rendirse. 

Si esa es tu situación, debes recordar que todo tiene un propósito, ya sea que tus problemas sean grandes o pequeños, familiares o laborales, económicos o espirituales, o hasta tragedias que no tienen explicación. 

Una de las razones por las que Dios permite que atravesemos por circunstancias difíciles es para que, una vez que hayamos recibido consuelo y nuestro carácter haya sido fortificado, podamos ayudar y guiar a otros y compartir nuestra experiencia. Es más fácil que alguien escuche tu consejo cuando sepa que tú también estuviste en sus zapatos.

En el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo precisamente habla al respecto en su carta a los Corintios, diciendo: “Toda la alabanza sea para Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo. Dios es nuestro Padre misericordioso y la fuente de todo consuelo. Él nos consuela en todas nuestras dificultades para que nosotros podamos consolar a otros. Cuando otros pasen por dificultades, podremos ofrecerles el mismo consuelo que Dios nos ha dado a nosotros”. (2 Corintios 1:3-4 NTV) 

Sin embargo, existen personas que deciden no pedir ayuda cuando realmente la necesitan e insisten en lidiar en soledad con sus propios problemas, inclusive cuando están claramente hundiéndose más y más en un hoyo sin fin. Aunque las razones son diversas, podría tratarse simplemente de un asunto de orgullo; hay quienes no quieren que otros se enteren de lo que les pasa porque podría afectar su reputación, su imagen o la de su familia. El «qué dirán» de la gente les importa más que hallar la solución. 

Un conocido dicho popular dice: «La ropa sucia se lava en casa», y parece ser el favorito de ese tipo de personas. Pero hay veces que esa “ropa sucia” nunca es lavada, y al final la suciedad y las manchas son tan profundas, que se la tiene que tirar a la basura porque ya no sirve para nada. No permitas que eso te ocurra. Busca a alguien que te pueda ayudar, aconsejar, orar por ti y apoyarte sin juzgarte. 

Toma en cuenta que, cuando hablamos de pedir ayuda, no nos referimos a contar todos los detalles íntimos de tu vida a cualquiera, o a quejarte constantemente de lo que te pasa. Todos conocemos personas así; parecería que no quieren en realidad encontrar una solución ni poner en práctica los consejos que reciben, sino que simplemente quieren llamar la atención.  

Te hablamos de encontrar a alguien de confianza, que sepa escucharte y ayudarte; alguien con sabiduría, empatía y experiencia. Puedes recurrir a consejeros, amigos, pastores o maestros; ellos pueden ayudarte a “lavar la ropa”. Y aquí, en el Club 700 Hoy, queremos ser esa mano amiga y ayudarte a presentar tus peticiones al Señor, sabiendo que Él te escucha y tiene un propósito para tu vida. ¡Ánimo! Dios está en control. 

Sin consulta, los planes se frustran, pero con muchos consejeros, triunfan. (Proverbios 15:22 LBLA). 

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