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lorenaLorena Piris en Uruguay creció con la sensación de que era menos importante y las decisiones que tomó en busca de su valor como persona le causaron mucho dolor.

 

Lorena creció en una familia normal, pero su hermano presentaba muchos problemas de conducta, y demandaba una atención especial de su mamá. Eso a Lorena le causó dificultades a su corta edad.

Lorena, "El que mi madre se enfocara tanto en atender a mi hermano, generaba en mí el deseo de tener eso mismo, y buscaba de alguna forma, poder acceder".

Siendo pequeña Lorena intentaba cocinar y lavar la ropa de él, para lograr la aprobación de su madre.

"Después ya cuando estaba en la escuela, buscaba una aprobación de mis compañeros de clase, de mis maestras. Yo variaba según el grupo que estaba, y eso iba logrando que cada vez me sintiera más vacía, porque en un lado tenía que ser de una manera, en otro tenía que ser de otra forma, para poder adaptarme al lugar".

A pesar de tener una familia muy tradicional en lo que respecta a valores, Lorena decidió probar otros caminos al comenzar la pre adolescencia.

"Mis amigas quizás tenían otros tipos de comportamientos, habían sido criadas de distinta manera, y me empezó a gustar el libertinaje, la idea de no tener por qué obedecer a mis padres, o de poder lograr de alguna manera lo que yo quería".

Con tan sólo trece años, Lorena fue seducida, por un muchacho mayor, y se puso de novia sin saber en lo que él trabajaba.

"Estábamos paseando y alguien le pide droga a él, y se me cae el mundo, porque yo no tenía ni idea de con quién estaba, en ese momento me entero que bueno, que él vendía drogas. Y bueno, y ahí fueron 4 meses de mucho dolor, de mucho sufrimiento, él abuso de mi sexualmente, me golpeó, varias veces intentó matarme, pasaba llorando, pensando en cómo iba a poder salir de esa situación, no quería ir a decirle a mis padres, porque, primero le tenía mucho miedo a él, y a su vez no quería causarles un disgusto porque entendía que esa imagen de hija que tenía se iba a derrumbar".

El muchacho finalmente cayó preso y pesar de tanto dolor en su primera decepción amorosa, Lorena siguió en busca de alguien que la hiciera sentir amada, pero no lo consiguió en ninguna de las parejas que tuvo en el resto de su adolescencia.

"Pasados unos años, conocí a otra persona, en la cual como siempre mi necesidad de poder tener alguien a mi lado, que me amara, que me elogiara. Él tenía muchas veces momentos de duda, donde no sabía si continuar o no la relación, y yo siempre me involucraba, pasaban unos días, y yo ya pensaba que era el amor de mi vida, que me iba a casar, que iba a tener hijos, ya me hacía todos los planes".

Después de dos años de insistir, Lorena decidió terminar con la relación, pues a pesar de que lo amaba, veía en él, demasiadas dudas. Lo que ella no sabía es que en su vientre, ya se estaba gestando un nuevo ser.

"Él no quiso tenerla, me planteó muchas veces abortarla, yo estuve durante todo el embarazo con riesgo de pérdida. Mis padres en ese tiempo ya hacía más de un año que habían conocido a Jesús, sus vidas habían cambiado, y ellos me hablaban a mí, pero yo lo rechazaba, yo llegaba hasta la puerta de la Iglesia a veces porque, para encontrarme con ellos para venirnos juntos, y no entraba ni que regalaran algo adentro, no quería saber nada".

Lorena no sabía cómo decirle a sus padres que estaba embarazada, no quería decepcionarlos otra vez. Fue allí que Dios la sorprendió, pues ellos se pusieron felices, y la animaron a seguir adelante.

"Nació mi hija, empezaron a transcurrir los meses, yo estaba aún muy resentida con el papá, estaba muy resentida con la situación que estaba viviendo, no era lo que había deseado, no era lo que había planificado, y la amaba a ella, y quería una vida mejor de la que yo había llevado, no quería que ella sufriera lo que yo estaba sufriendo, y a los seis meses realmente me encontré, encontré cansada, no un cansancio físico, sino un cansancio en el alma, no encontraba mi futuro, no sabía qué era lo que iba a pasar, a dónde iba a llegar, a dónde iba a llegar con mi hija".

"No podía ser ya más hipócrita y decir que podía, así que fue un día, mis padres siempre me invitaban ese día iban a la Iglesia y no, no me invitaron, y yo estaba esperando que me lo dijeran, así que bueno se iban, se preparaban, y le digo: ¿Mamá puedo ir contigo a la iglesia? Mi madre no podía creerlo".

Fue así que Lorena visitó por primera vez, a aquel lugar donde fue más que bienvenida, con el paso de los días ella tomó una importante decisión, hizo una sencilla oración, donde le entregó a Dios el rumbo de su vida.

"Le pedí perdón por todo lo que había hecho, entendí que estaba muy lejos de lo que él quería, para mí, y ese día le dije a Jesús: Yo te necesito, he caminado mucho tiempo lejos de vos, y hoy reconozco que necesito tu perdón, que, que necesito que estés a mi lado, que ya no quiero vivir más de esta manera como vivo, y que bueno, que sé que desde ahora voy a tener una vida diferente, para poder ser feliz, y para poder hacer feliz a los que están a mi alrededor".

Fue a partir de ese momento que Lorena le permitió a Dios, llenar cada rincón de su vida.

"Fue como si me hubieran puesto un "chip" nuevo, mi mente se reseteó, empecé a disfrutar de cosas que no disfrutaba, de estar tiempos en familia".

Con un corazón sano, Lorena pudo disfrutar de una nueva relación con sus padres.

"Empecé a decir que no a muchas cosas que decía que si, empecé a formar una identidad".

Como gerente de una editorial es firme en sus decisiones y compromisos, y siendo una mamá completa y feliz, hoy le cuenta a su hija, el cambio que Jesús hizo en su vida. Atrás quedó la soledad, la inseguridad, el temor.

"Entiendo que Dios me dejó pasar todo eso, para que bueno, yo hoy pudiera apoyar a otras personas, a otras chicas que han pasado la misma situación. Así que bueno, le doy gracias a Dios, no sólo por haberme cuidado, y tenerme hoy donde me tiene, sino que también le doy gracias por todo lo que está haciendo a través de mi vida, ayudando a otras personas".

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