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gracianaGraciana creció sin su papá en la casa, pero las visitas que ella le hacía iban a tener consecuencias muy fuertes. Ella misma nos cuenta su historia.

 

Crecí junto a mi mamá, mi padre nunca se comprometió en la enseñanza, y en la educación, y en el cuidado para conmigo.

Esporádicamente iba a la casa de mi padre y prácticamente era la única relación o contacto que yo tenía con él en ese tiempo.

Bueno lo que me pasó cuando tenía la edad de nueve años: El cuarto de papá quedaba pegado al cuarto de mi tía, y siempre para papá salir de su cuarto tenía que pasar por el cuarto de mi tía. Siempre estaba expuesta a que cuando él pasara metiera la mano en mi cama, me mostraba películas pornográficas.

Forzaba la puerta del baño, le tenía que pedir por favor que me dejara o dormir la siesta o dormir en la noche. Nadie se daba cuenta. Me sentía perseguida, porque tenía que estar pendiente de que si estaba papá, si no estaba.

Cada vez que volvía de la casa de papá, mamá me preguntaba cómo me había ido, y mi respuesta era: “Bien, pero papá me jode”, y siempre, lo que yo recuerdo es que siempre fue la misma respuesta, hasta que en un momento mamá me preguntó: ¿Qué es eso de que mi papá me jode?, entonces ella se puso a llorar, yo recuerdo que la abracé y la abracé y no quería que pensar en lo que a mí me parecía que estaba pasando, y me cuenta.

Y en un momento ella me dice: “Bueno andá al baño, secáte las lágrimas, laváte la cara y volvé”.

“Y bueno, lo que yo había pensado era ir y matar al padre de mi hija”.

Mi prima lo que le dijo a mamá es que pensara lo que iba a hacer, no sea cosa que tuviera un padre violador, y una madre asesina.

Mi mamá denuncio a papá, no sólo tuve que declarar frente a la jueza sino también tuve que ir al médico forense para que me revisara.

Pasar por esta situación, acentuó en Graciana la vergüenza, la baja estima y el deseo de ser aceptada por los demás.

Alrededor de los 12 años, empecé a salir a bailar, empecé a tomar. El estar con chicos me hacía sentir a mí importante.

En ese momento no tenía relación con papá luego de lo que había sucedido. Y la falta de padre siempre la tuve, eso si siempre la sentí, porque nunca tuve alguien, la figura paterna. Sentía realmente que había un vacío en mi corazón.

No quería estudiar, no quería empezar el liceo. Me consideraba, una persona frustrada, fracasada.

Hubo una semana en la cual me fui para la casa de mi tía, porque mamá iba a asistir a un seminario. Y bueno en ese momento que vuelvo, mamá me empieza a contar, cómo era Dios, que Dios quería ser un padre para mí, Dios quería ser un hermano, quería ser un amigo.

Mamá me decía que en la palma de mi mano pusiera todos los pecados y que confesara cada uno de mis pecados.

Y luego que esos pecados Jesús los quería perdonar y que se los entregara y fue re lindo porque pude experimentar realmente el amor de Dios.

Lo que le dije a Jesús es que entrara a mi corazón, que yo se lo entregaba, yo le entregaba mi vida, que Él fuera quien guiara mi vida.

Y fue una experiencia hermosa que hasta el día de hoy no me olvido.

Sentí el amor de Dios, lo sentí. A partir de ese momento, mi vida empezó a cambiar.

Empecé a conocerlo a Dios como un padre, como un amigo, empecé a tener una relación personal con Él, no sólo empecé a creer en Él, sino a creerle a Él, lo que dice su Palabra.

Graciana decidió perdonar a su papá y hablarle del amor tan grande que había conocido. Le dije que Dios lo amaba, que Dios tenía un propósito para con su vida y a partir de ese momento, algo se rompió.

Pero en medio de tanta alegría, su mamá decidió pedirle perdón por algo que había acontecido 15 años atrás.

Mi mamá no sabiendo cómo decirme me cuenta que su intensión cuando se enteró que estaba embarazada era abortar. Fue a la clínica clandestina, el médico le dijo que como no cumplía con los meses que necesitaba para hacer el aborto no se lo iba a realizar.

“El bebé se mueve adentro de mi vientre y el médico dijo: “De ninguna manera”.
Y bueno salgo, me pongo a llorar”.

Mi papá le pegaba en la panza a mamá porque no quería saber nada del hijo que venía en camino.

Pero cuando Dios decida que alguien nazca, simplemente nace.

“En el momento que voy a tener a Graciana fue muy especial, estaba sola, y cuando la ponen arriba de mi pecho ahí y puedo sentir el llanto de ella fue una invasión de amor. Amo a mi hija; Dios no permitió que le faltara nada”.

Si tú confías en Dios, Dios te dice que no te dejará ni te desamparará y nada te faltará.

Yo ya le había entregado mi corazón a Jesús por lo tanto sabía que mi vida tenía un propósito.

Un propósito hermoso que incluye involucrarse con los diversos problemas de la niñez.

Mi interés para con ellos es darles a entender que ellos tienen un motivo para vivir. En alguna ocasión me he encontrado con niños que han vivido de alguna manera lo mismo que yo, y he podido transmitirles lo que Dios me ha dado, el amor, el perdón , la paz, el cariño, la esperanza.

Y que Dios puede sanar por completo el corazón.

Mi relación hoy con papá es hermosa, puedo hablar con él, puedo abrazarlo, puedo decirle: “Papá te amo”, cosa que eso antes no sucedía. Hoy soy feliz, encontré en Dios el amigo, el padre, el refugio que tanto estuve buscándole conocer a Jesús, entregarle mi corazón fue la experiencia más hermosa de mi vida.

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