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franciscoFrancisco Zabala tuvo que tomar muchas decisiones, demasiado rápido, como para medir las verdaderas consecuencias de sus actos. Su ruta hacia la tierra de la libertad por poco lo convierte en un esclavo.

 

Hay miles de personas que cruzan las fronteras arriesgando sus vidas, las de sus familias y no solamente la frontera de los Estados Unidos. Muchos de nuestros países son cruzados. Imagínate ahora para un adolescente de 15 años.

Francisco Zabala, “Yo veía a papa y a mamá, cómo ellos se esforzaban por darnos cosas materiales que muchas veces pues no se podía lograr para toda la familia porque éramos bastantes”.

Francisco Zavala nació en una familia numerosa en México, pero en busca de un futuro laboral decide viajar a EE.UU.

Francisco, “Estaba por cumplir 15 años, ahí fue donde decidí salir de mi casa con autorización de mis padres. Y llegué a la frontera en Tijuana, México, allí fue donde llegué por primera vez y comencé a trabajar en un restaurant. Pero así como fui ganando dinero, comencé a conocer otro tipo de ambiente, muy pesado en ese lugar”.

Con apenas 15 años, Francisco cayó en una trampa mortal probando por primera vez la marihuana.

Francisco, “Acepté solamente por querer conocer o querer saber qué se sentía, el poder consumir cocaína o el poder probar marihuana. Fue algo que me fue envolviendo poco a poco, después cuando quise salir de ahí, pues ya no, ya no podía. Ahí fue que yo me di cuenta el daño que yo me estaba causando, porque incluso llegué a estar muy enfermo del estómago, la única manera de poder comer era drogándome o tomando algo fuerte para dormir mí estomago”.

“Me sentía solo, la verdad, en ese país, en esos momentos de soledad es cuando a veces uno quiere tomar decisiones erróneas, solamente partiendo de este mundo iba a dejar de sufrir”.

Mientras Francisco pensaba la forma de quitarse la vida, recibe una visita.

Francisco, “Llegan unos primos, me hablan de Cristo. Yo había convivido con uno de ellos, de mis primos, pues habíamos sido compañero de las drogas y de los vicios. Y él ya había tenido una experiencia con Cristo Jesús. Yo comencé a ver en él, algo diferente. Me invitaron a una iglesia, me dijeron si quería acompañarlos, que ellos iban a ir el día domingo. Y la verdad cuando llego a ese lugar, el pastor que estaba predicando ahí, comienza a hablar, yo sentí que me estaba señalando a mí, mi vida, y comencé a llorar, comencé a llorar, yo quería parar de llorar y no podía”.

En ese momento Francisco se da cuenta de lo que Dios puede hacer con su vida y hace una oración.

Fernando, “Él decía, “Señor Jesús te pido que en este momento entres en mi corazón. Te acepto como mi único y suficiente salvador personal de mi vida, te recibo en mi corazón y te pido que perdones todos mis pecados”

Francisco, “Esa pequeña oración fue la que prácticamente cambió toda mi vida”.

Con algo diferente en su interior, Francisco enfrenta la vida cotidiana.

Francisco, “Todos mis amigos que me conocen hasta el día de hoy, quedaban sorprendidos porque me ofrecían pero yo ya no lo aceptaba, ya no, ya no deseaba eso. Desde entonces, ya no me dan ganas de probar la droga ni de probar el alcohol”.

Francisco encontró la plenitud en su vida y hoy en día comparte con otros lo que vivió.

“Comencé a trabajar con los jóvenes. Bueno ahora se me hace más fácil hablarle a la gente de Dios, poder ayudarles a salir de esos lugares donde se encuentran, de vicios, donde yo una vez pase por ahí. Ahora hay, hay una felicidad interna, ya no me siento solo, tengo alguien por quien vivir. Creo que Dios es lo máximo, que puede haber en mi vida, Él es el todo. La única razón de mi existir es Dios”.

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