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delfinAlfredo Delfín inmigró a Estados Unidos con una meta: enviar dinero a su familia en México. Pero su relación no soportó la distancia. Quiso probar con una nueva relación, pero cuando los problemas comenzaron a llegar, Alfredo entendió que era otra cosa lo que amenazaba su matrimonio.

 

Alfredo Delfín llegó a Estados Unidos con una meta muy clara: Enviar dinero a su familia en México. Pero su relación no soportó el peso de la distancia. Quiso probar de nuevo, pero cuando los problemas comenzaron a llegar, Alfredo entendió que era otra cosa lo que amenazaba su matrimonio.

En la mesa de Alfredo Delfín y Leída, el silencio era muchas veces el platillo principal.

Alfredo, “Llegó a pasar a veces dos o tres días sin tener una comunicación directa, solamente lo básico por las situaciones de necesidad que teníamos”.

Leida, “Realmente no quería uno estar aquí en la casa, era sumamente pesado, la cocina, todo. O sea que siempre me la pasaba más en la calle con los niños”.

Alfredo, “Yo me sentía frustrado. Una cosa que no te llena absolutamente con nada, ni con ropa, ni con comida, ni con ir al mall, ni con situaciones económicas ni de dinero ni materiales. Llega un momento que nada de eso te hace sentir bien”.

A Alfredo, las cenas como esa le dejaban el sinsabor de estar tirando un hogar a la basura, otra vez.

“Yo vine aquí para trabajar en un lapso de tiempo, hacer un capital y ya de ahí invertir en México y empezar a vivir mi vida en México otra vez”.

Detrás de la frontera quedó su primera esposa, y una hija de quienes no deseaba separarse.

Alfredo, “La necesidad fue la que me orilló a salir de esa, de la situación familiar y separarme de ellos. Yo sentí mucha nostalgia al dejarlos, y para mi cada día, cada hora, cada momento era cuestión de buscar la oportunidad de hacer capital para que mi tiempo fuera el más mínimo en este lugar. Trabajábamos hasta tres meses sin tener un solo día de descanso y más que nada mandar el dinero a México, eso era lo que hacía”.

Las llamadas de larga distancia no bastaron para mantener su familia a flote.

Alfredo, “La relación con mi esposa se deterioró demasiado, al punto que se acabó todo. Logré entender que muchas veces es el precio que se paga por dejar una familia en México”.

Meses más tarde, decidió darse una nueva oportunidad con Leída.

Alfredo, “Para mí fue una puerta abierta para re empezar una relación en la cual tener más astucia para poder no caer en esos mismos errores que yo caí en la primer relación”.

El paso de los años, le demostró que no importaba cuantas casas pintara ni que mantuviera al día sus pagos, su hogar palidecía.

“Empecé yo a sentir que, que no estaban saliendo las cosas bien otra vez, que de una u otra forma algo estaba faltando en mi vida. Que ahora ya eran tres hijos que estaba yo teniendo y que no estaba haciendo las cosas bien de una u otra forma”.

“Prácticamente yo pienso que no iba a pasar mucho tiempo para volver a separarme de mi esposa, de Leída, porque era una situación en la cual ya no se podía vivir”.

Un día, una amiga de su esposa, los invitó a una presentación del actor y comediante Fernando Arau quien estaba de visita en la ciudad de Nashville.

Lo que escucharon esa tarde estaba lejos de ser un chiste.

Alfredo, “El testimonio de Fernando no era tan diferente a lo que nosotros estábamos viviendo. Habían muchas cosas que estaban, que concordaban con las situaciones que nosotros vivíamos y nos dimos cuenta de que sí había solución a las cosas que nosotros teníamos. Él dejó que su vida la manejara Jesús, y ahí fue cuando cambió su vida, también”.

Al volver a casa, Alfredo y Leída decidieron seguir el consejo que habían escuchado.

Alfredo, “Le dijimos a Jesucristo que entrara en nuestras vidas, que se hiciera cargo de nuestro matrimonio, que Él estuviera siempre entre nosotros y que perdonara nuestros pecados porque había muchas cosas en las cuales teníamos que perdonarnos y perdonar entonces sin la ayuda de Él no íbamos a poder hacerlo”.

Tras perdonarse mutuamente, Alfredo y Leída se esforzaron por pasar más tiempo juntos para conversar e hicieron un descubrimiento.

Alfredo, “Empezó la casa a cambiar, empezó a sentirse una vibra diferente, empezamos a tenerle más consideración a las cosas que vivíamos delante de nuestros hijos”.

Adelaida, “Ya hay diálogo, consultamos todo, tenemos más tiempo conversando. Ya las cosas que se van a hacer lo hacemos juntos, ya no lo hace uno independientemente”.

Unos meses después, Alfredo encontró una nueva socia.

Alfredo, “Empecé yo a enseñarle como eran las situaciones en el empleo de la pintura y captó rápido y empezamos a trabajar juntos más que nada, empezamos a darnos cuenta poco a poco de que algo había transformado nuestro hogar ya”.

El hogar de la familia Delfín ha cambiado mucho desde que comenzaron a tomar las decisiones correctas.

“Me gusta mucho, es un ambiente sumamente diferente, es muy tranquilo”.

Alfredo, “Los problemas siguen siendo los mismos, pero ahora caminamos con la fe en que Dios siempre tiene la solución a los problemas y que independientemente de que no se vea la solución para nuestros ojos, si nosotros creemos en Dios la solución está ahí y va a llegar.

Alfredo después de su primer fracaso decide darse una segunda oportunidad y cuál es su sorpresa que en medio de esa segunda oportunidad aquí en los Estados Unidos el encuentra los mismos vicios, los mismos errores, el mismo dolor, la misma miseria, es justamente lo que dice Salomón en su libro Eclesiastés cuando menciona que nuestra vida, la vida del ser humano es 100% predecible en ese sentido, como “Sale el sol y se pone el sol y se apresura a volver al lugar donde se levanta”, salió el sol para él, se puso en medio de la crisis, volvió a salir en una relación pero era predecible que volviese a ocultarse, como la lluvia que desciende y vuelve a los cielos para volver a precipitarse.

Nuestra vida es 100% predecible. Jesucristo lo dijo con estas palabras: “Yo soy la vid, ustedes son las ramas, de la manera que las ramas no pueden dar fruto por si mismas, ustedes, separados de mi volverán al mismo lugar de crisis, un mismo lugar de sufrimiento, un mismo lugar de dolor”. Por eso es importante escuchar el consejo de Jesucristo, “Separado de mi, nada puedes hacer”. Jesucristo te ama y todos estos errores, todos estos vacíos no pueden hacer nada para separarte de su amor, para disminuir el precio del gran amor que Él pagó por ti en la cruz del calvario. Te queremos invitar a que simplemente lo recibas y dejes que su amor, su perdón y la nueva vida que Él te ofrece entonces sí, sacie tu vida, rompa ese ciclo de dolor y te de la oportunidad de comenzar de nuevo pero, no en tus fuerzas, sino en sus fuerzas.

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