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historiaNorma Castellanos vivió una infancia marcada por el abandono y la desolación. Esto la llevó a crisis depresivas y un descuido de su propia vida y autoestima.

“Los mejores recuerdos que tengo era de mi mamá, su presencia era importante. Ella me tomaba de la mano, me mimaba a pesar que estaba muy enferma”.

Luego de la muerte de su madre, Norma, con solo siete años, comienza a deambular de casa en casa con diferentes amigos y familiares.

“Realmente me sentía mal, porque no tenía una identidad de hogar, realmente no estaba formado con un padre, una madre, una estabilidad, no había presencia y tampoco había afectos. La adolescencia fue parecida, siempre me sentí una persona con una discapacidad emocional”.

Norma seguía en una angustia permanente. En una relación ocasional queda embarazada y tiene una hija.

“Era tan pobre como me sentía, tan sin valor que consideraba que yo me merecía esa situación, me tomo toda la carga, la responsabilidad, no reclamo nada y me hago cargo de mi hija”.

Norma cree que su bebé es una oportunidad para volver a empezar pero una amiga le confiesa una verdad. Ella le cuenta que esa persona que ella siempre había amado tanto no era su verdadera madre, esto le causó mucho dolor.

“Si yo hubiera sabido la verdad, lo hubiera vivido de otra manera, por ejemplo la historia de mi papá, de tanto reclamo, ¿por qué no se hacía cargo?, ¿por qué no me daba un beso?, pero claro, después entiendo que era porque en realidad no era su hija. Tuve muchas veces ganas de morirme”.

Norma estaba llegando al límite de sus fuerzas y cae en una fuerte depresión por eso decide buscar ayuda en una iglesia.

“A mi me hizo bien la gente de fe porque esa gente me ayudó a levantarme y a creer en Dios, que yo podía en Él, que podía creer que mi vida iba a ser diferente, que había un Padre que esta vez no me iba a fallar. Yo le decía a Dios: “Yo quiero un abrazo tuyo, a mi me ha faltado el abrazo, muchos años me faltó el abrazo” y realmente yo recibí el abrazo del Padre”.

Entendió que el perdón era una herramienta que Dios le daba para acercarse a los demás y acercarse a El, porque ella quería el perdón de Dios y esto fue un alivio en su corazón.

“Dios restaura, me restauró las relaciones, restauró mi familia. Los cambios son tremendos, ahora veo de otra manera, hablo de fe, porque el Señor me cambió el pensamiento, Él cambió toda mi vida”.

Hoy Norma vive feliz junto a su hija y sabe quién es su mejor compañía.

“Yo ya no le tengo temor al abandono ni a la soledad ni a ausencias porque sé que Dios está conmigo”.