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obMuchas personas sueñan con tener su propia casa, un espacio para compartir con su familia, un lugar dónde sentirse seguros. Esto es lo que Esteban y Erodita, de Perú, deseaban para sus cuatro hijos pero a pesar de trabajar fuerte no lo podían lograr.

Cada amanecer en Iquitos, Perú, Erodita y Esteban se dirigen a atender su pequeño negocio de repostería. Algunas veces convencidos, otras no tanto, de que algún día de ahí puedan ahorrar el dinero para cumplir su más grande deseo.

Su mayor deseo era el tener su casa propia para vivir con sus hijos, pues la que tenían estaba deteriorada y cuando llovía debían intentar protegerse con algunos plásticos.

Después de salir a vender, la pareja distribuye los 16 dólares que gana al día entre agua, luz, comida, y la escuela de sus hijos. Un día más, la triste realidad para estos padres es que no lograron ahorrar.

Pero Erodita tenía bien claro a quién acudir, “Yo ponía verdaderamente mi confianza en el Señor, no tengo yo dinero suficiente, no tengo el dinero para levantar mi casa pero toca el corazón de alguna persona que tenga posibilidad para que pueda darme un apoyo con hoja o madera”.

Su clamor fue escuchado. Ya que días después Erodita estaba en casa y recibió la visita de la colaboradora de construcción de casas para Operación Bendición en Perú. Ella nunca la había visto. Sin embargo la noticia que ella traía, esta familia la había estado esperando por años.

Un solo día bastó para que el equipo de Operación Bendición levantara toda la casa y con ella esperanza y alegría para esta familia. Gracias a las ofrendas de los socios del Club 700, Operación Bendición muestra el amor de Dios a través de su labor social.

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