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miguelMiguel Ángel Guerra logra el primer lugar en el festival OTI de la canción en 1986, siendo esta la primera vez en la historia, que los Estados Unidos obtienen este prestigioso premio.

Desde entonces, sus canciones han penetrado en el corazón de los oyentes de toda Latinoamérica, destacándose como uno de los intérpretes de música hispana de mayor alcance.

Miles de personas han sido inspiradas por sus canciones pero también hay una historia personal que queremos compartir con usted, la historia de José Guerra, hermano de Miguel Ángel.

Miguel Ángel Guerra: Bueno, a raíz de su enfermedad terminal es que yo vine a los pies de Cristo. Me llama Memo, así le decíamos de cariño, y me dice: “Miguel, necesito hablar contigo personalmente”.

Mi hermano tenía 27 años de edad en ese momento, me encuentro con él y me da la triste noticia de que había sido diagnosticado con el virus del SIDA y que le daban un año de vida. Entre abrazos y lágrimas me dice, “Miguel, quiero que seas tú quien le de esta noticia al resto de la familia”. Te digo, fue una de las cosas más difíciles que me ha tocado hacer, cómo les digo a mis padres, que su hijo, mi hermano, se está muriendo. Y esa tarde me recordé que Damaris Carbaugh, con quien había ganado el festival OTI Internacional, me había hablado de Jesús, y la Palabra no vuelve vacía porque esa semilla quedó en mi corazón y en ese momento yo entendí cuan fugaz es la vida, que necesitaba urgentemente poner mis prioridades en orden, y es cuando pongo a Dios número uno en mi vida, a Jesús como el centro de mi corazón, y te digo, es algo increíble. Lo primero que hice fue abrir la Palabra de Dios, me encontré con Filipenses 4:13, “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Me dio la fuerza para dar esta noticia a mis padres, al resto de mi familia, y nunca se me va a olvidar en ese último momento que mi hermano estaba ya agonizando, como mi mamá con aquella fortaleza, que solamente puede venir de Dios, tomó sus manos y dijo, “Padre amado abre las puertas del cielo que un angelito tuyo regresa a casa”; te digo, vi el rostro de Dios reflejado en mi madre. Ahora yo puedo decir, cualquiera que sea tu circunstancia, cuélgate del manto del Señor y deja que Él te abrace, te cobije, que Él te va a dar la fuerza, no importa cuál sea tu situación, te lo garantizo.

Club 700 Hoy: Hay mucha ignorancia en las familias, cómo reaccionar, cómo ayudar a una persona de nuestra familia, o no de nuestra familia, con un problema como el de José Guerra, de SIDA. Como lo asimilaron y qué consejos les darías a las familias que estén pasando por una situación como esta.

Miguel Ángel: Primero que nada, mi hermano, o sea, el terror de saber que ya su camino por la vida estaba llegando a un final, nosotros como familia nos unimos. De hecho, dos meses antes de que mi hermano falleciera, mis padres se retiraron temprano de sus trabajos, vivían en Nueva York para mudarse a Miami y estar con mi hermano y estuvimos todos. De hecho cuando mi hermano falleció, estábamos todos alrededor de su cama. Qué importante que es ese soporte, ese apoyo, estuvimos ahí. Por ejemplo, recuerdo que dos o tres días antes de morir, conversando con él, le digo: “Memo, ¿qué sientes?, o sea, ¿qué está pasando en tu corazón en este momento?, dicho sea de paso, él recibió al Señor en su corazón y yo sé que me voy a reencontrar con él y eso de por sí ya es tremenda ganancia, le pregunté, “¿Qué está pasando en tu corazón?” y me dijo algo que me impactó, me dice, “Tengo miedo porque, o sea, obviamente, esto es difícil, pero más siento dolor por el dolor que le estoy causando específicamente a nuestros padres”.

O sea, hasta ese momento él está preocupado por cómo los padres lo iban a tomar. El punto es, tenemos que apoyar, tenemos que estar ahí para ellos, o sea, infórmate porque, el SIDA no se pasa así no mas, no es tan fácil, así que aprovecha, apoya, apoya a ese ser querido.

Su hermano nunca pensó que las vidas de sus familiares serían tan impactadas y transformadas a través de esta prueba que finalmente se convirtió en una victoria porque hoy Miguel Ángel Guerra dedica mucha parte de su tiempo a la ayuda y cuidado de niños huérfanos, particularmente con la enfermedad del SIDA.

 

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