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salvavidasUn adolescente salvadoreño de humilde condición realiza su sueño de ser guardavidas en las peligrosas playas de su país y compite en un maratón de natación.

 

Las playas de El Salvador son muy peligrosas por sus corrientes, su fuerte oleaje, pero esto no desanimó al joven Jesús Vásquez en su sueño de ser salvavidas. Una meta que le demandaba combinar su trabajo como vendedor de artesanías y los duros entrenamientos para poder superar una de las más extenuantes maratones acuáticas que existen en el mundo.

 

Jesús Vásquez tenía 7 años cuando comenzó a vender artesanías a los turistas que visitan las playas de El Salvador.

 

“Una alegría ayudar a mi mamá, porque yo sé que todos comemos de lo mismo”.

 

Este es su medio de vida, pero su pasión es otra.

 

“Desde chiquito decía: ¡Quiero ser salvavidas!”.

 

Un sueño que se hizo realidad hace 2 años, cuando ingresó al cuerpo de guardavidas de Cruz Roja Salvadoreña, pero solo después de superar una ardua prueba.

 

“En que los nadadores van a nadar 21 kilómetros; 7 kilómetros mar afuera, 7 kilómetros paralelo y 7 kilómetros hacia fuera”.

 

Bautizada hace 46 años como “El Paso del Hombre”, esta es una de las más extenuantes maratones acuáticas que se realizan en el mundo.

 

“Peleas contra mareas, peleas contra corrientes, peleas contra olas, peleas contra viento, peleas contra animales que te pican en el camino, como medusas y se te

puede atravesar alguno que otro tiburón por ahí por el camino”.

 

Jesús Vásquez va a realizar la prueba por tercer año consecutivo, ha entrenado duro y tiene un aliado poderoso.

 

“Dios primero y después yo, sin Él no hago nada”.

 

Este día las condiciones no son las mejores.

 

“Ese viento nos tiene preocupados, claro pueden haber espasmos, pueden haber agotamientos, pueden haber picaduras de peces, es algo muy especial que ellos hacen como sacrificio también”.

 

250 hombres y mujeres, entre los 15 y 50 años de edad, que retan al mar en el largo recorrido que les toma entre 4 y 6 horas, y que algunos no culminan.

 

Este año, con la ayuda de Dios Jesús Vásquez fue el primero en su grupo de edad en arribar a la playa.

 

“Sentí bien la corriente de San Blas, pero estaba suave, muy suave, y nadé yo solo”.

 

Días después está de vuelta en la playa, vendiendo y recordando las vidas que ha salvado.

 

“Aquí fue donde yo hice el rescate más difícil de mi vida. Un hombre atrapado entre inmensas rocas, que eran golpeadas por olas de 5 metros. Hay quienes que no dicen ni gracias, nada, nada pero hay unos que si gracias, hasta le regalan una bolsita de agua a uno ahí”.

 

Una vida de alto riesgo, con la única recompensa de ayudar a un semejante en peligro, y la satisfacción de haber hecho la diferencia, es suficiente para impulsar la pasión de Jesús Vásquez por ser salvavidas y comenzar a entrenar en pocos días para el próximo Paso del Hombre.

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