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ascensoresValparaíso es una ciudad chilena reconocida por su particular escena colorida y sus ascensores. Un maquinista de este particular medio de transporte nos cuenta como es su trabajo.

En el sur de América, entre los cerros y el mar. Vamos al hermosísimo país de Chile a conocer a Renán quien nos va a mostrar un tipo de transporte que sobrevive el paso del tiempo y el avance tecnológico.

Este hombre transita cada mañana por las pintorescas calles de Valparaíso, Chile.

“Yo me llamo Renan Romero Salazar y voy a cumplir 39 años trabajando en los ascensores municipales”.

Esta ciudad considerada como "La joya del pacífico” por su colorido paisaje, se destaca más por uno de sus transportes públicos: los ascensores o funiculares.

“El primer ascensor en Valparaíso fue en el año 1883, que fue una revolución para la época, fue con banda, con todo, las autoridades, con intendente, hasta con brindis fue, a donde se juntaron a la mitad las líneas, el champañazo fue la cúspide que terminó con la inauguración del ascensor”.

Así como el ascensor es el ícono de la ciudad, el maquinista es el personaje principal que le da vida a estos pintorescos carros.

“Cuando el carro llega arriba, yo me paso de la marca que tiene a donde llega el techo del carro, el otro carro choca abajo, y ya ha pasado”.

Sin duda, los ascensores, son parte de Valparaíso, llegan a los miradores es como la magia de Valparaíso, llegar acá, ver el mar, la bahía.

Pero esa magia lleva consigo la responsabilidad.

“Una señora que estaba embarazada, que tenía como ocho meses y se cortó la luz y yo con una llave que uno ya está acostumbrado, así que tuve que mover el motor a pulso. Me demoré como una hora y media, la sacamos y ya llegué con el carro aquí arriba, la sentamos acá y, ella se sienta y llega la luz, figúrese”.

“Aquí hay que aprender mecánica, electricidad, uno tiene que ser educado con la gente. Si suben mil personas uno tiene que tener mil genios diferentes para poder tratar a la gente. Entonces eso es lo que uno aprende”.

Por la tarde, Renan termina satisfecho su tarea sabiendo que ha cumplido una gran misión: unir la tierra con el cielo.

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