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chocolateCacao de Chuao. La hacienda de Cacao Chuao mantiene una tradición de casi 400 años procesando Cacao para exportación a distintos lugares del mundo.

Tras las huellas de una tradición y un aroma irresistible, llegamos al escondite de uno de los mejores secretos gastronómicos de Venezuela, Chuao.

Ubicado en la costa venezolana, Chuao alberga unos 1,500 pobladores y una tradición que se ha perfeccionado a lo largo de 4 siglos creando una obra maestra.

Al cacao de Chuao lo hace especial, el amor con que se trabaja. Para los Chuaenses o para los que trabajan el cacao, no hay nada más importante que el cacao.

Para elaborar este preciado producto, se comienza con la recolección de la semilla, que luego se lleva al deposito llamado compostero.

En el compostero se amontona dos y tres días, después se corta, se sacan los granos, se le hecha en un tobo y se lleva a los tanques de fermentación.

Allí se queda por siete días y luego va al patio de secado en donde se expone en dos tipos de piso.

Uno para que los rayos solares no quemen el cacao y el otro es para cuando se este rodando, vayan perdiendo lo que le queda de baba.

Eso se repite diariamente y dependiendo de la intensidad del sol, el secado puede tardarse de ocho a quince días. A lo largo de este proceso, el trato que se le da al cacao, da la impresión que este fuera un miembro más de la familia.

El cacao se almacena, el almacén es de pisos de madera, ahí duerme porque no puede dormir en otro tipo de piso porque se suda.

El rastrillo y la pala que se usan son de madera, la cesta es de bejuco y las cucharas son hechas de la fruta tapara.

Es así como se obtiene el color, olor y textura que le han dado al cacao de Chuao, el sello de calidad de un producto de exportación y que atrae a cientos de turistas. Pero hay además otras razones de orgullo para los Chuaenses.